martes, 3 de marzo de 2015

Vitaminas y cosméticos

Vitaminas en los cosméticos, ¿sirven de algo?  Por Héctor Riveros-Rosas y Adriana Julián-Sánchez

Actualmente existe una gran diversidad de productos para el cuidado de la piel, como cremas faciales, lociones, champús, toallas desmaquillantes e incluso jabones, que contienen entre sus ingredientes vitaminas. Los fabricantes proclaman que esto tiene diversos beneficios para el consumidor, desde la protección de la piel contra las agresiones del ambiente o la disminución de las lineas de expresión, hasta la prevención del envejecimiento prematuro de la piel y la capacidad de aclararla "más alla del tono genético". Pero es muy poco lo que se informa al público sobre la veracidad de estas afirmaciones. La piel es el órgano más grande y extenso de nuestro cuerpo. Constituye una compleja y eficiente barrera contra la penetración de agentes patógenos y sustancias extrañas; además nos protege de agresiones o lesiones físicas, así como de la pérdida excesiva de agua y otros componentes esenciales del organismo. La salud de la piel es por lo tanto, indispensable para nuestro bienestar. Por ello no es extraño que muchos fabricantes de cosméticos incluyan en la formulación de sus productos diversas vitaminas (A, C y E) y sus derivados, con la idea de conservar y proteger la piel.

Vitamina A
La vitamina A (retinol) y sus derivados son de los nutrientes que con más frecuencia se añaden a cremas, lociones y otros cosméticos. Se dice que ayudan a reducir, e incluso a prevenir, la formación de arrugas, dando a la piel una apariencia más joven. Veamos qué tan cierto es esto.
La vitamina A es precursor o formador del ácido retinoico, una sustancia orgánica que actúa como regulador de la diferenciación celular en diferentes órganos y tejidos, incluyendo la piel. De hecho su síntesis durante el desarrollo embrionario esta finamente regulada, y su carencia o exceso puede producir graves malformaciones en el embrión. En adultos su carencia está acompañada, entre otros síntomas, de problemas severos en la piel. Un efecto del ácido retinoico, importante desde el punto de vista cosmético, es que estimula la síntesis de colágena e inhibe su degradación. La colágena es una proteína fibrosa (que no es soluble en agua y tiene un aspecto semejante al de una fibra) y conforma uno de los principales componentes de la matriz extracelular, esto es, el material que llena el espacio existente entre las células de un tejido. La colágena mantiene a las células en su sitio, lo cual previene la formación de arrugas.
El ácido retinoico estimula también la producción de células nuevas en las capas internas de la piel y acelera el desprendimiento de las células muertas de las capas superficiales. Ambos efectos contribuyen a suavizar y desvanecer las arrugas. La aplicación directa del ácido retinoico sobre la piel se utiliza con frecuencia para tratar los daños que produce la exposición excesiva a la radiación solar, la cual estimula la degradación de la colágena y promueve el engrosamiento y la aparición de arrugas, lo que causa un envejecimiento prematuro de la piel. Por otra parte el ácido retinoico regula la proliferación y movilidad de los melanocitos, que son las células encargadas de producir melanina, el principal pigmento de la piel. Por ello también se utiliza en el tratamiento de desórdenes de la pigmentación de la piel, entre ellos los producidos por la radiación solar, como la aparición de manchas oscuras.
Los productos que contienen ácido retinoico (por ejemplo Retin-A y Arretin), sólo deben usarse bajo prescripción médica, ya que mal empleados pueden ocasionar una irritación severa en la piel, que incluye comezón, enrojecimiento, descamación y resequedad. Por este motivo los cosméticos no contienen ácido retinoico sino precursores inactivos, como el retinol mismo, o derivados más estables, los cuales deben ser convertidos en ácido retinoico por las células vivas de la piel. El problema es que el retinol, cuando es adicionado directamente a los cosméticos, se degrada rápidamente por el contacto con el oxígeno del aire o la exposición a la luz; y si lo que se añade son sus derivados más estables, la absorción es mínima, ya que las células vivas se localizan en las capas más profundas de la piel. Así, estas células no asimilan la mayor parte de la vitamina A que contienen los cosméticos.
Vitamina C
El ácido ascórbico o vitamina C desempeña un papel esencial en la síntesis de colágena en nuestro cuerpo. Esto, aunado a sus propiedades como agente antioxidante (que previene los daños a la piel provocados por la radiación solar o por la exposición a ciertos contaminantes atmosféricos), han marcado la pauta para incluir también a la vitamina C o sus derivados en la formulación de diversos productos cosméticos. Sin embargo, esos beneficios están plenamente demostrados sólo para el caso en que la vitamina C sea ingerida como parte de la dieta, junto con el resto de los alimentos, o en ensayos de laboratorio, donde la vitamina C recién preparada y aún sin oxidarse o degradarse se añade al cosmético. Esto último es particularmente importante, ya que la vitamina C es muy inestable y se degrada rápidamente al exponerse a la luz o cuando entra en contacto con el oxígeno del aire. Así, en los productos cosméticos que uno puede comprar la vitamina C debe estar ya prácticamente inactiva, puesto que se oxida espontáneamente en unas cuantas semanas.
Son más estables los derivados del ácido ascórbico que contienen fosfato, el cual impide su oxidación, pero también su acción como agente antioxidante. Si bien es cierto que las células vivas de la piel pueden tomar este tipo de derivados y recuperar el ácido ascórbico al eliminar el fosfato, el carácter hidrofílico (soluble en agua) de los mismos limita casi totalmente su absorción cuando se aplica sobre la piel. Los derivados hidrofóbicos (insolubles en agua) de la vitamina C que podrían ser absorbidos por la piel, son muy inestables y tampoco se asimilan en forma significativa. Por otra parte, aunque se sabe que a valores de pH menores que 3.5 la vitamina C es estable, ningún cosmético puede ser elaborado a un grado de acidez tan alto, porque causaría irritación en la piel.

Vitamina E
Esta vitamina existe en ocho formas diferentes, de las cuales la que actúa más activamente en el ser humano es la denominada alfa-tocoferol. Su función principal en las células es actuar como antioxidante, protegiéndolas de una serie de agentes químicos muy reactivos denominados radicales libres (véase recuadro), los cuales pueden atacar e inactivar una gran diversidad de biomoléculas, incluyendo proteínas, ácidos nucleicos y lípidos. Esta vitamina atrapa los radicales libres presentes en las membranas de las células. La acumulación de daños por efecto de los radicales libres es una de las causas más probables del proceso de envejecimiento. El oxígeno es un poderoso agente oxidante capaz de inducir la generación de radicales libres, de ahí que la piel, al estar expuesta directamente al oxígeno del aire, sea particularmente propensa al daño que éstos causan. Por ello en la piel existe toda una intrincada red de sistemas antioxidantes encargados de neutralizar los daños inducidos por la generación de radicales libres, de los cuales la vitamina E es el más importante.
Por lo anterior, se ha considerado que la adición directa de vitamina E sobre la piel debe ejercer un efecto protector. Además, el alfa-tocoferol impide la penetración de la radiación ultravioleta, es decir, actúa en la piel como un filtro solar. De hecho, está demostrado que la aplicación de vitamina E previene el desarrollo de cáncer de piel inducido por esa radiación. Sin embargo, el alfa-tocoferol es poco estable y se degrada rápidamente por acción de la luz ultravioleta, por ello en los cosméticos suele adicionarse en forma de derivados inactivos. Tanto la vitamina E como sus derivados son solubles en grasas y pueden por esta razón ser absorbidos por la piel con relativa facilidad. Sin embargo, la asimilación del alfa-tocoferol, a partir de sus derivados inactivos, es más controversial y se considera que sólo una fracción muy pequeña de la vitamina E añadida a los cosméticos puede finalmente ser utilizada por las células vivas de la piel. Además, se ha reportado que en ciertas condiciones los derivados inactivos de la vitamina E pueden estimular el desarrollo de células cancerosas. El alfa-tocoferol aplicado directamente en forma inadecuada puede provocar irritación en la piel.

La piel
La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, cubre un área aproximada de 2 m2 y pesa alrededor de 5 kg. Es un órgano complejo y tiene una variedad de tipos celulares mayor que el cerebro; su función principal es evitar la pérdida de agua y el ingreso de materiales y organismos extraños. En un cm2 de piel pueden encontrarse cerca de 5 millones de células, 15 glándulas sebáceas, 90 glándulas sudoríparas, 10 vellos, numerosos músculos y miles de terminales nerviosas. El grosor de la piel varia desde 0.5 mm en el párpado hasta más de 2 mm en las palmas y planta del pie.
La estructura de la piel suele dividirse en tres capas: la más externa es denominada epidermis, la capa subyacente es la dermis, y la más profunda es la hipodermis, donde está contenido el tejido adiposo responsable del almacenamiento de las grasas corporales. La dermis o "piel verdadera" se compone de tejido conjuntivo, en el cual se localizan diversas estructuras especializadas como los folículos pilosos (que dan origen al pelo), las glándulas sebáceas y sudoríparas, vasos sanguíneos y terminales nerviosas, además de materiales elásticos, agua y colágena.
La epidermis tiene varias capas de células: la capa basal está constituida por células vivas, las cuales se reproducen constantemente y empujan a las células viejas hacia las porciones más externas de la piel, donde mueren y terminan por conformar una barrera casi impermeable denominada estrato córneo. Estas células muertas continuamente se descaman y desprenden.
Para que una sustancia sea absorbida por la piel debe atravesar el estrato córneo.
Esto no pueden hacerlo moléculas grandes como proteínas, o aquellas que no son solubles en grasas (denominadas polares). Sólo las moléculas relativamente pequeñas y solubles en grasas superan la barrera del estrato córneo y de ellas son pocas las que logran alcanzar las células vivas de la piel.

¿Y entonces?
Como hemos visto, la presencia de vitaminas y/o sus precursores, llamados también provitaminas, en los productos cosméticos, no siempre tendrá efectos tan útiles o beneficiosos como uno podría esperar. Se requiere de más estudios y del desarrollo de nuevas técnicas que mejoren la estabilidad, absorción y asimilación de las vitaminas contenidas en los cosméticos. Mientras no suceda así, los beneficios de la inclusión de vitaminas en estos productos seguirán siendo más una promesa que una realidad. Esto no significa que el uso de cremas y otros productos cosméticos no sea importante en el cuidado de la piel.
Las cremas por ejemplo, evitan la resequedad y los daños causados por la falta de lubricación, lo que puede ser muy importante en aquellas zonas de la piel expuestas al frío o que se lavan frecuentemente, como la cara, las manos o los labios. El frío inhibe la secreción de grasas y ceras por las glándulas sebáceas de la piel, provocando resequedad y agrietamiento, efecto que también puede observarse con el lavado repetido. Los bloqueadores o filtros solares, por otra parte, son necesarios para evitar los daños que causa la radiación ultravioleta del Sol. Pero en lo que se refiere a las vitaminas, es importante recordar que la mejor forma de asimilarlas para conservar un estado saludable, incluyendo el de la piel, es a través de su consumo en la dieta.
Otras medidas necesarias para el cuidado de la piel y la prevención de daños son:
1) Evitar una exposición excesiva a la luz solar, la cual produce quemaduras en forma inmediata, y a largo plazo envejecimiento prematuro de la piel, arrugas, manchas y un incremento en el riesgo de desarrollar cáncer de piel.
2) Limitar el contacto con detergentes y solventes orgánicos, como éter, aguarrás, thiner, gasolina o acetona, ya que disuelven y eliminan las secreciones cerosas que de forma natural lubrican e impermeabilizan nuestra piel provocando resequedad y agrietamiento. La exposición a solventes orgánicos, puede presentarse incluso con productos cosméticos: la acetona, por ejemplo, suele ser el ingrediente principal de los removedores para barniz de uñas.
3) Evitar la frotación excesiva de la piel, la cual puede ser significativa en aquellas personas que desarrollan una actividad manual intensa como jardineros, albañiles, mecánicos, lavanderas, etc.
4) Evitar en lo posible la exposición al humo proveniente del tabaco u otras fuentes, porque contiene sustancias irritantes como el alquitrán y el hollín que pueden producir cáncer. De hecho, es interesante señalar que el hollín fue la primera sustancia química para la cual se demostró que puede producir cáncer en la piel.
5) Tener una nutrición balanceada, que incluya cantidades adecuadas de todas las vitaminas y minerales.

Más aditivos
Además de vitaminas, muchas veces se adicionan a los cosméticos otras sustancias como colágena, queratina, elastina e incluso ADN. Éstas no se asimilan a través de la piel debido a que son macromoléculas, no tienen ninguna oportunidad de atravesarla. Su adhesión a las células muertas de la superficie de la piel o el pelo apenas tiene algún beneficio, sirve solamente para bloquear la radiación solar y esto con una baja eficiencia. Por otra parte, se ha reportado que algunas personas presentan reacciones alérgicas a este tipo de aditivos.
En los últimos años se ha intentado encapsular ciertos genes en liposomas (vesículas artificiales con forma esférica, elaboradas con sustancias grasas), y a través de técnicas sofisticadas tratar de que atraviesen la superficie de la piel y alcancen a las células vivas. Esto tiene objetivos mucho más ambiciosos que su aplicación en cosméticos y se encuentra aún en las primeras etapas experimentales, de hecho no se ha demostrado siquiera que sea posible.
Así, muchas compañías incluyen nuevos aditivos en sus productos sin otro fin que el de llamar la atención de los consumidores y aumentar sus ventas.

Radicales libres
Los radicales libres (RL) son átomos o moléculas que tienen un electrón no apareado en su última órbita, característica que los convierte en sustancias altamente reactivas. De hecho la gran mayoría de los RL son agentes oxidantes capaces de sustraer con facilidad electrones de las moléculas orgánicas, como lípidos, carbohidratos, proteínas, etc. las cuales al perder un electrón se convierten, a su vez, en nuevos radicales libres. Esta multiplicación provocaría severos daños en las células vivas si éstas no contaran con una compleja maquinaria para evitarlos.
Las vitaminas C (ácido ascórbico) y E (alfa-tocoferol) son dos compuestos altamente efectivos para controlar los daños inducidos por RL, ya que reaccionan fácilmente con ellos impidiendo que afecten a otras biomoléculas. Estas vitaminas, al donar electrones a los RL, los convierten en compuestos estables que pierden su reactividad y por ende, su toxicidad. Posteriormente, la célula repone a las vitaminas que se oxidan por acción de los RL, los electrones que perdieron, de tal manera que puedan emplearse nuevamente para neutralizar otros radicales libres.
En la atmósfera de las grandes zonas urbanas existe una apreciable cantidad de agentes oxidantes y radicales libres, como el ozono y los óxidos de nitrógeno, entre muchos otros.
El estrato córneo, que es la capa más externa de nuestra piel, está constantemente expuesto a este tipo de agentes, y así como impide la absorción de sustancias a través de la piel, también impide que los RL penetren al interior de nuestro cuerpo. De esta manera, tradicionalmente se ha considerado que los daños inducidos por RL en la piel no son muy significativos, dado que estos reaccionan mayoritariamente con las células muertas y lípidos del estrato córneo, sin tener oportunidad de alcanzar las capas vivas de células. También es cierto que la piel continuamente secreta vitamina E y otras sustancias antioxidantes en su superficie (vitamina C, glutatión, ácido úrico, etc.), y su actividad antioxidante es mayor que la de muchos otros órganos internos de nuestro cuerpo. Pero esta capacidad disminuye con la edad, lo que se asocia al proceso natural de envejecimiento. Es de esperar por tanto, que a largo plazo una exposición continua de la piel a agentes oxidantes pueda producir en ésta un envejecimiento prematuro, tal y como se ha demostrado ya para el caso del tejido pulmonar.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Anorexia y otros problemas

Relaciones peligrosas con la comida. Por Verónica Guerrero

Los trastornos de la conducta alimentaria son perturbaciones emocionales y psicológicas, que afectan no sólo la alimentación y salud, sino las relaciones con los demás y ponen en peligro el crecimiento físico y desarroll o emocional.
La obesidad y los padecimientos asociados con el sobrepeso representan importantes factores de mortalidad en algunos países, mientras que en otros el problema es la escasez de alimentos. Son males que coexisten con un tercero: el de los trastornos de la alimentación, particularmente la anorexia y la bulimia. Estos padecimientos, en que el afectado mantiene una relación malsana con la comida, también causan estragos en México. Por ejemplo, en la Ciudad de México el 0.9% de los varones y 2.8% de las mujeres sufren de algún trastorno de la conducta hacia la alimentación.
Este problema de salud se observa principalmente entre adolescentes, en mayor medida mujeres, se encontró que la proporción es de tres mujeres por cada hombre en los adolescentes que presentan conductas de riesgo para algún trastorno de la alimentación". Añade que las edades de mayor riesgo son los 13 años para las niñas y los 15 para los niños, y que quienes viven en ciudades tienen el doble de probabilidades de padecer estos trastornos que los habitantes de zonas rurales.
La pubertad provoca una intensa tensión física, psicológica y social, que a veces se manifiesta como una gran necesidad de controlar cuando menos el propio cuerpo, "e incluso de intentar negar su existencia", añade Barriguete. El cuerpo femenino en especial es propenso a acumular grasa en regiones como las caderas y los muslos, lo que, sumado al bombardeo hormonal en la adolescencia conduce a las chicas a tener que redefinir su imagen corporal. "Todos estos cambios hacen que la adolescencia femenina sea más compleja en relación con el cuerpo y las sensaciones", señala el especialista.
Por si fuera poco, vivimos inmersos en una cultura que pone énfasis en la apariencia, basada en ciertos patrones estéticos que promueven una delgadez extrema. Así, las adolescentes vuelcan su atención a su aspecto externo, e intentan alcanzar lo que ellas suponen son estándares de belleza reconocidos por toda la sociedad. Si en esta etapa las jóvenes no tienen el apoyo suficiente en su entorno familiar y social, esa conducta temporal —propia del desarrollo en la adolescencia— puede perpetuarse y llevarlas a buscar una delgadez extrema, delgadez que no es ni bella ni saludable. En el intento de mantener un cuerpo de niña y ocultar el miedo a crecer, así como emular estos cánones estéticos, las mujeres —y en menor grado los hombres y niños— pueden comenzar a desarrollar los llamados trastornos de la conducta alimentaria (TCA), que son complejas perturbaciones emocionales y psicológicas, que afectan no sólo su alimentación y salud, sino sus relaciones con los demás y ponen en peligro su crecimiento físico y desarrollo emocional.

Negación y castigo
Las alteraciones en la conducta ante los alimentos se consideran un proceso psicopatológico cuando el afectado presenta síntomas como depresión, aislamiento y ansiedad, pero principalmente si se distorsiona la percepción de su propio cuerpo; es decir, si la persona empieza a creerse gorda o deforme sin serlo, si se niega a aceptar que tiene un peso adecuado, o incluso bajo, y si se empeña en hacer dieta, al grado de mentir cuando le preguntan si ha comido. Completa el cuadro la tendencia a comer solo cantidades muy pequeñas y solo cierto tipo de alimentos, y a castigarse si piensa que no ha cumplido con el régimen autoimpuesto. La comida y la apariencia ocupan el centro de la vida de la persona que padece algún TCA.
Si esos síntomas psicológicos vienen acompañados de signos físicos de delgadez extrema, piel reseca y descolorida, cabello y uñas frágiles y, en casos más avanzados, alteraciones hormonales, es muy probable que esa persona tenga algún trastorno de la alimentación y necesite atención médica de inmediato. Como explica el doctor Barriguete, que tiene 25 años de experiencia en este problema, "si los trastornos de la alimentación no reciben una intervención integral en los aspectos psicológico, psiquiátrico, nutricional y familiar, no se resuelven". Agrega que tratar estos trastornos "probablemente lleve muchos años, pero si no se hace a tiempo, puede costar la vida", y añade que puede llegar un momento en que esta conducta se vuelva un trastorno crónico, "una manera de ser".

El cuestionario SCOFF
En 1999 el psiquiatra John F. Morgan, del Hospital Universitario St. George, en Londres, desarrolló un cuestionario de autoevaluación para detectar la posibilidad de algún trastorno de la conducta alimentaria antes de una evaluación clínica más rigurosa. En este cuestionario una sola respuesta positiva indica que existe un problema, y dos o más señalan un probable caso de anorexia nerviosa o bulimia.

1. ¿Te provocas el vómito porque te sientes incómodamente llena(o)?

2. ¿Te preocupas por haber perdido el control sobre la comida?

3. ¿Has perdido recientemente más de seis kilos en un periodo de tres meses?

4. ¿Te consideras "gorda(o)" aunque los demás te dicen que estás delgada(o)?

5. ¿Crees que la comida domina tu vida?

Anorexia
Los TCA más conocidos son la anorexia nervosa y la bulimia nervosa, aunque no son los únicos. La anorexia se deriva de las palabras griegas an ("falta de") y orexis ("apetito") y esta ausencia de apetito puede ser provocada por elementos externos, como medicamentos o enfermedades. No obstante, en la anorexia nervosa (nerviosa), es la propia persona quien niega su apetito ya que lo registra pero le da miedo comer porque teme subir de peso, por ello a los pacientes que sufren un TCA se les llama "anorécticas", diferenciándolas de las que realmente no tienen hambre.

Se reconocen dos tipos de anorexia.
La anorexia nervosa primaria es reflejo de un miedo exagerado a subir de peso, de ser una persona gorda, y se busca tener un cuerpo delgado, aunque en el fondo se relaciona con una necesidad de dominar el propio cuerpo y una obsesión por la imagen física. De acuerdo con el Protocolo clínico para trastornos de la conducta alimentaria, coordinado por el doctor Barriguete, las personas con este padecimiento "se caracterizan por ser muy inteligentes, introvertidas, muy sensibles, perfeccionistas, compulsivas y con serias deficiencias en el desarrollo personal". En la anorexia nervosa secundaria, la pérdida de peso no es el objetivo central, sino más bien la consecuencia de algún problema psiquiátrico, como depresión o esquizofrenia, que lleva al paciente a darle un significado simbólico a la comida.
El camino a la anorexia puede durar meses o años, y en muchas ocasiones las personas cercanas al afectado se dan cuenta cuando el daño ya es irreversible. Por eso hay que estar atento a sus primeros signos. Uno de estos puede ser una pérdida importante de peso, que lleva a una reducción del índice de masa corporal a menos de 18, lo que indica desnutrición. Pero en los adolescentes también se refleja en que pueden no subir de peso al ritmo normal del crecimiento.
En cualquiera de los casos, es un problema emocional grave, en el que se usa la conducta alimentaria para manejar los conflictos, y la persona controla su peso por medio de acciones como evitar alimentos que piensa que engordan, purgarse o provocarse vómitos, ejercitarse en exceso, o consumir medicamentos que inhiban el apetito, reduzcan el peso, o sirvan como diuréticos, todo sin la participación de un médico. Ese autocontrol busca combatir el miedo a la gordura, exagerado por la distorsión de su propia imagen. Así, el terror de sentirse gordos los invade continuamente, obligándolos a hacer todo lo posible para permanecer debajo de un peso específico. "Detrás de todo esto" apunta el Dr. Barriguete, "subyace un gran miedo a crecer".
Dependiendo del estado de salud inicial del individuo, llega un momento en el que la reducción excesiva de peso inhibe el funcionamiento de las glándulas, alterando la producción y actividad de las hormonas del crecimiento y de las hormonas sexuales. Por ello, es común que las chicas con anorexia pierdan su menstruación. Pero el proceso no se detiene allí, y sin un tratamiento adecuado comienzan a manifestarse otros síntomas de desequilibrio en el organismo como desmayos, deshidratación, e incluso osteoporosis, alteraciones cardiacas e insuficiencia hepática o renal.
Aproximadamente 10% de los pacientes con anorexia son varones, aunque las cifras reales son inciertas, pues ellos son todavía más reacios a admitir que podrían tener este problema, ya que lo asocian con una personalidad femenina. A diferencia de las mujeres, en lugar de someterse a dietas extremas, en los hombres es más común el exceso de ejercicio. De hecho, muchos varones que desarrollan el trastorno han sido atletas de alto rendimiento, sujetos a una vida de ejercicio y disciplina. Con todo, sus síntomas son semejantes a los de sus contrapartes femeninas; esto es, presentan un comportamiento obsesivo en relación con la comida, trastornos psicológicos, ausencia de apetito y la consecuente pérdida de peso. El problema es que suelen tardar más en buscar ayuda de un médico, por lo que en ocasiones la enfermedad, o sus complicaciones, son ya mucho más graves.

Cambios conductuales en la anorexia nerviosa
Gran autocontrol o miedoa la pérdida de éste.
Inhibición de las emociones.
Mayor tendencia a la ansiedad y hostilidad.
Gran responsabilidad y perfeccionismo.
Baja autoestima.
Fuerte inhibición social.
Introversión.
Rigidez.
Miedo a la obesidad.
Escasa capacidad adaptativa de los esquemas de pensamiento.
Bulimia
La anorexia puede combinarse o complicarse con otros TCA como bulimia, que se caracteriza por consumir alimentos a intervalos cortos (como cada dos horas) y en cantidad superior a lo que ingeriría la mayoría de las personas; hay sentimientos de culpa por la sensación de haber perdido el control sobre la cantidad de alimentos que se ingieren y conductas inadecuadas para evitar el aumento de peso, como ayunar y ejercitarse de manera compulsiva; o bien, provocarse vómitos o usar medicamentos laxantes, diuréticos y enemas. Al igual que con la anorexia, las personas con bulimia sienten obsesión por su figura y peso, pero al contrario que en aquella, las personas bulímicas pueden presentar un peso normal, e incluso elevado, pues a menudo los métodos para reducirlo no compensan los atracones.
Algunas señales de que existe este problema son, en ciertos casos, un deterioro de la dentadura, que se debe al paso de los ácidos gástricos al inducirse repetidamente el vómito. En ocasiones, esto causa también llagas en los dedos (signo de Russell), inflamación del rostro y daños en el aparato digestivo, y sumado al empleo de medicamentos, puede producir distensión del estómago e intestinos, dolor, náusea, reflujo y úlceras gástricas. En casos extremos, la bulimia puede provocar hemorragias, oclusión intestinal y desgarramiento de tejidos gastrointestinales. Información de la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología (SMNE) indica que solo recibe tratamiento una cuarta parte de quienes padecen bulimia; en consecuencia, la mayoría se deteriora a tal grado que llega a requerir hospitalización.

Ortorexia
Existen otras conductas ante la alimentación que aún no se consideran dentro del grupo de trastornos propiamente dichos, sino más bien como "síndromes parciales" o "trastornos subclínicos". Un ejemplo es la ortorexia, que es la preocupación excesiva por comer "alimentos sanos" que puede convertirse en obsesión. Quien la padece comienza a eliminar grupos de alimentos que son importantes para una dieta equilibrada, como grasas y carbohidratos, indispensables para el buen funcionamiento del organismo, lo que les puede causar desnutrición. Según la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología, son susceptibles a tener esta alteración en la conducta hacia los alimentos quienes han padecido anorexia o bulimia, así como pacientes con trastorno obsesivo compulsivo.

La conducta alimentaria
En los últimos 10 años se han hecho varios descubrimientos que son útiles tanto para comprender el origen de los trastornos de la alimentación como para encontrar la mejor manera de darles tratamiento. El doctor Barriguete refiere que una de las aportaciones más interesantes realizada en este periodo se relaciona directamente con la conducta alimentaria. Así, "cada vez entendemos mejor cuáles son los pilares que rigen esta conducta; es decir, cómo nos conducimos en relación con la alimentación". En primer lugar, se ha observado en estudios realizados sobre la relación materno-infantil que el desarrollo de la conducta hacia los alimentos comienza desde etapas muy tempranas. "Lo primero que se descubrió, a partir de las aportaciones del profesor francés Serge Lebovici, es que la conducta alimentaria es una de las primeras conductas que tiene el ser humano, y de las que más huella dejan, porque responde a situaciones de tensión", dice el doctor Barriguete. Esto significa que el llanto del bebé por hambre es la expresión de una sensación dolorosa, de tensión interna, añade el especialista. El recién nacido pronto descubre que al comer se acaba la tensión. "Es un registro muy temprano que tenemos todos los seres humanos y, en momentos de tensión, somos propensos a asirnos de él". En consecuencia, si al pasar por un momento de tensión no identificamos su origen, es posible que recurramos a la comida, o bien a restringirla en un intento de equilibrar esa tensión.
"Junto con esto encontramos otros registros importantes como el de hambre y saciedad y, gracias a las aportaciones del profesor Philippe Jeammet, el de las emociones". El registro del hambre y la saciedad —el ciclo de sentir hambre, comer, sentirse saciado y dejar de comer— está muy relacionado con el registro de las emociones. Por ello, normalmente ante una pena muy grande algunas personas responden dejando de comer, en tanto otras responden comiendo de más. "Esto es relevante porque nos esclarece el tema de la pérdida de control, así como el de la obesidad, hoy tan común", señala el doctor Barriguete. Añade que este hallazgo subraya la importancia de que tanto en los hogares como en las escuelas se eduque a los niños para que estén alerta ante estos dos indicadores, y pone un énfasis mayor en la lactancia, porque "la lactancia materna facilita que el bebé descubra, a partir de la relación con su mamá, su registro de hambre y saciedad" y que descubra también el registro emocional; es decir, que es tan importante comer como ser querido. "Hace 10 años no lo sabíamos, pero hoy nos queda muy claro que la conducta alimentaria está presente no sólo en los trastornos de la alimentación, que están en el lado extremo de la restricción, sino también en la pérdida de control de las conductas compensatorias, o en la obesidad, que está muy asociada con las enfermedades crónicas".
De hecho, asegura que "no podremos solucionar las enfermedades crónicas si no incluimos la conducta alimentaria en nuestras acciones y prevenciones, así como en las estrategias de prevención dentro de las escuelas".

El apetito del cerebro
De igual forma se han realizado avances que incluyen estudios neuropsicológicos y de la neuroquímica cerebral, que han arrojado algunas respuestas. Esta área también se está desarrollando en México. Por ejemplo, la Unidad de Investigación Interdisciplinaria en Ciencias de la Salud y Educación (UIICSE), de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala (UNAMFES- I), tiene el Proyecto de Investigación en Nutrición, dirigido por el doctor en psicología Juan Manuel Mancilla Díaz, del área de Neurociencias del Comportamiento. El doctor Mancilla nos explica que estudiar la alimentación y sus trastornos "exige un punto de vista multifactorial, que al mismo tiempo vea al individuo como una entidad funcional". Señala que "en numerosos reportes sobre patologías como la anorexia nerviosa y la bulimia, estas se asocian con factores socioculturales, conductuales y cognitivos". Y agrega que los mecanismos biológicos que influyen en la conducta hacia los alimentos, el hambre y la saciedad, también afectan el ánimo, el nivel de actividad y los estados cognoscitivos, los cuales se ven alterados en la anorexia nerviosa y la bulimia. Por ello "parece prudente suponer que la investigación en esta área debe dirigirse a dilucidar entre las causas sociales y las causas biológicas".
Con esta perspectiva multifactorial, el grupo de nutrición del campus Iztacala trabaja en dos líneas de investigación: además de estudiar los trastornos alimentarios en sí, investigan la neurobiología de la alimentación. El doctor Mancilla cuenta que entre la gran diversidad de estructuras anatómicas y de neurotransmisores relacionados con la conducta alimentaria cuya influencia se ha investigado internacionalmente en los últimos años, destacan los llamados opioides. Los resultados obtenidos en su laboratorio sugieren que en la regulación del apetito y la alimentación participan sustancias que se unen a los receptores de opioides de las células nerviosas, así como el ácido gamma-aminobutírico, o GABA, que es el principal neurotransmisor inhibitorio cerebral.
También se ha estudiado la relación del neurotransmisor dopamina, que entre otras funciones interviene en las conductas de motivación y de recompensa, con una zona cerebral llamada núcleo accumbens también implicada en la recompensa, el placer Verónica Guerrero Mothelet, periodista y divulgadora de la ciencia, colabora regularmente en ¿Cómo ves? y otras áreas de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, y como corresponsal ocasional para la revista Nature Biotechnology. y las adicciones. Sin embargo, el doctor Mancilla señala que una de las hipótesis más influyentes en el campo de la neurofarmacología de la conducta alimentaria es que el neurotransmisor serotonina, que se produce tanto en el sistema nervioso central como en el tracto intestinal, está muy relacionado con la regulación del apetito y la alimentación. "Nuestro grupo ha venido trabajando hace 22 años bajo esta línea de razonamiento", indica. En general, "el desarrollo de la tecnología y metodologías ha facilitado examinar el efecto de los factores ambientales en los fenómenos neurobiológicos", puntualiza el doctor Mancilla. Agrega que, asimismo, ha hecho posible producir información más útil para entender el desarrollo de los TCA, favoreciendo la creación de intervenciones y tratamientos, incluidos los farmacológicos, al igual que de nuevas estrategias de prevención

Nuevos caminos
En efecto, los tratamientos actuales no se limitan a terapias de tipo psicológico-conductual. El doctor Armando Barriguete señala, por ejemplo, que la perspectiva actual de la Secretaría de Salud —donde él es asesor—"busca entender los trastornos con un enfoque del desarrollo, no sólo físico y emocional, sino familiar, de grupo y social". Su equipo en el INNSZ investiga la anorexia nerviosa primaria y trabaja dentro del circuito cotidiano, familiar y educativo del paciente. Barriguete añade que, en su experiencia, "solo en casos extremos indicamos la hospitalización, o el hospital de día". La razón es que en el hospital, aislado y libre de responsabilidades escolares, familiares y sociales, el paciente puede experimentar la hospitalización como un beneficio de la enfermedad. Por esto es importante reintegrarlo a su circuito personal.
El uso de fármacos forma parte del manejo integral. Las prescripciones se hacen "siempre atentos al monitoreo médico, psicológico y clínico cercano, en beneficio de los pacientes". Un nutriólogo acompaña al paciente en su proceso de cambio. "La terapia nutricia debe procurar no sólo la recuperación física del paciente, sino su reeducación para una correcta alimentación posterior".

La prevención
Como se mencionó, en el desarrollo de los TCA intervienen diversos factores, aunque ninguno basta por sí solo. Los estudios recientes han permitido agregar a los factores de riesgo algunas enfermedades emocionales como la depresión, así como las adicciones, vivir en entornos violentos, sufrir abuso y tener antecedentes familiares de obesidad o trastornos de la alimentación. En consecuencia, un primer paso es detectar a la población en riesgo y actuar sobre ella; por ejemplo, con programas psicoeducativos y terapéuticos sobre una población con factores de riesgo más específicos, como bailarinas, gimnastas o atletas, e incluso en grupos de población con una gran preocupación por lo relacionado con los TCA, como la dieta, la figura y la autoestima. De igual forma, dentro del círculo familiar también existen medidas de prevención. En primer lugar, "debemos abandonar la práctica de premiar por medio de la comida, tan común en nuestras sociedades. La comida es importante, pero no se debe intentar utilizarla como compensación de lo emocional, porque al final significa una incapacidad de expresar el cariño directamente", plantea el doctor Barriguete. Y agrega que, todavía más importante, es "educar a nuestros niños y niñas, desde muy temprana edad, para que identifiquen y manifiesten lo que sienten, y para que identifiquen también su hambre y saciedad y coman de acuerdo con este patrón natural".

martes, 3 de febrero de 2015

VENENOS

Venenos, envenenados y envenenadores. Por Gertrudis Uruchurtu

Víktor Yushchenko, candidato a la presidencia de Ucrania, estaba contento. Según la última encuesta, era muy probable que ganara las próximas elecciones. Había que preparar bien el camino. Por eso aquel día cenaba con un personaje clave: el director de seguridad. Poco tiempo después de la cena, un fuerte dolor de cabeza lo obligó a retirarse. Al día siguiente, el dolor de esto mago y de espalda se hicieron insoportables y le impidieron asistir a las presentaciones planeadas. Ningún medicamento lo aliviaba y el terror empezó a apoderarse de él cuando se vio en el espejo. Su rostro, que había sido el de un hombre guapo, ahora estaba tapizado de pústulas y quistes; su aspecto era monstruoso. Al practicársele un análisis de sangre, se encontró que contenía una concentración elevadísima de un veneno llamado dioxina, sustancia que es materia prima para fabricar el herbicida llamado agente naranja, que se usó en la guerra de Vietnam. La dioxina hace proliferar unas células llamadas macrófagos que provocan una reacción inflamatoria exagerada. Con ella los poros se tapan con queratina y aparecen quistes que dan a la cara un aspecto horrible.
El envenenamiento de Yushchenko es sólo la repetición de un hecho ocurrido miles de veces en la historia. Los venenos, los envenenadores y los envenenados son una de las partes oscuras de la humanidad. El veneno es el arma del cobarde. El envenenador lo aplica en forma furtiva, fría y calculada; sabe que el envenenado padecerá un sufrimiento corto o prolongado y lo con­templará de lejos o de cerca para satisfacer el odio o los fríos cálculos de interés para terminar con él. Es la revelación de los más bajos instintos del hombre... o de la mujer, pues se cree que a lo largo de la historia o de la leyenda, ellas han sido las autoras, si no del mayor número de envenenamientos, sí de los más espectaculares. Uno de los primeros descubrimientos del hombre es que, más allá de su belleza y utilidad como fuente de alimento y medicina, las plantas también matan.
¿Qué es un veneno?
Cualquier sustancia extraña que al penetrar en el organismo altera y deteriora su funcionamiento se considera un veneno. Por mucho tiempo su uso fue empírico, muchas veces ligado a la superstición y a la brujería. No fue sino hasta el siglo XX cuando el avance de la ciencia empezó a explicar los distintos mecanismos de acción de los venenos. Se puede decir en forma general que cualquier veneno interrumpe la secuencia natural de las cadenas de reacciones químicas que mantienen la vida celular, trastornando el metabolismo de los organismos y conduciendo a una catástrofe bioquímica que puede llevarlos a la muerte.
La dosis es factor clave para que una sustancia actúe como veneno. La misma sustancia que produce la muerte en el organismo en cierta concentración, en una menor puede actuar como medicamento y proporcionar alivio a algún padecimiento.
La belladona es una planta que contiene tres alcaloides considerados venenosos: hioscina, escopolamina y atropina. Estas sustancias se unen a los receptores de la acetilcolina, un neurotransmisor que hace posible la transmisión en el sistema nervioso autónomo y que controla funciones tan importantes como la respiración y el ritmo cardíaco. Al alterarse esta transmisión, puede sobrevenir la muerte.
Sin embargo, la atropina en dosis bajas disminuye la intensidad de las contracciones intestinales y alivia los retortijones. Si alguna vez el oftalmólogo te ha dilatado la pupila aplicándote un colirio para poder examinar el interior del ojo, ha sido gracias al atropínico que hay en esas gotas. La planta recibió el nombre de belladona porque en Venecia, en el renacimiento, surgió entre las mujeres la moda de emplear extractos de ésta para dilatar la pupila; decían que esto hacía que sus ojos se vieran más brillantes.
Arsénico, el "polvo de la sucesión"
Eliminar a alguien para heredar sus bienes o quitarlo de en medio para ascender o por venganza no era muy difícil de lograr en la Roma antigua si se contaba con un buen veneno. Los especialistas en conseguir la sustancia adecuada eran bien pagados. En el tiempo de Nerón, siglo I de nuestra era, una mujer gala, llamada Locusta, era la experta proveedora de la realeza de las dosis de arsénico necesarias para eliminar a quien la estorbara. De esta manera Nerón se deshizo de Británico, el heredero legítimo al trono, y de muchos más. El número de envenenados fue tan grande, que el siguiente emperador, Galba, mandó matar a Locusta.
En el renacimiento italiano, quien recibía una invitación a la mesa de la familia del papa Alejandro VI, o de su hijo César Borgia, tenía gran probabilidad de no seguir vivo al día siguiente. En la cima de la corrupción del poder, eliminaron a cuanto enemigo obstaculizara sus proyectos. Empleaban un veneno a base de arsénico llamado Cantarella y lo fortalecían con otros ingredientes como fósforo.
En el siglo XVII existieron dos famosas envenenadoras que preparaban sus pócimas a base de arsénico. Giulia Toffana se hizo célebre por su aquetta di Napoli, con la que al parecer envenenó a más de 600 y Hyeronyma Spara por su especialidad de instruir y proveer de venenos discretos y adecuados a las esposas que tenían maridos incómodos para convertirlas en viudas.
Los venenos con arsénico llegaron después a Francia, donde su popularidad creció y fueron el instrumento utilizado para adquirir una herencia o alcanzar un puesto. Todo el mundo los conocía como poudres de succession, polvos de la sucesión.
Una gran controversia, aún sin resolver, es la causa de la muerte de Napoleón. Siempre se dijo que había muerto a causa de un cáncer de estómago cuando estuvo exiliado en la isla Santa Elena. Sin embargo, estudios recientes del cabello que aseguran le perteneció, revelan un contenido de arsénico muy por encima de lo normal. Algunos creen que su muerte se debió a que estuvo inhalando arsénico del pigmento verde del tapiz que cubría la casa en donde estuvo arraigado; éste contenía arseniuro de cobre, más conocido como verde de Scheele. Otros aseguran que el arsénico le fue administrado por su asistente, el conde Montholon, quien pese aparentar serle 12leal siempre, según algunos historiadores, tenía el encargo de Luis XVIII de impedir su regreso a Francia.
Impunidad
La dificultad para comprobar el envenenamiento por arsénico u otras sustancias, explica la popularidad de los envenenadores. En el siglo XIX empezó a practicarse una prueba muy burda, pero en cierta forma efectiva. Se daban a comer a un perro o a un gato extractos del estómago y de los intestinos de la persona envenenada; si los animales morían, se consideraba que había habido envenenamiento. En este siglo, los envenenamientos con arsénico cobraron una popularidad escandalosa, pero a la mayoría de los envenenadores no se les podía comprobar su fechoría y salían libres. En 1832, el químico inglés James Marsh desarrolló un método que consiste en hacer una extracción acuosa del arsénico de los tejidos. Ésta se hace reaccionar con hidrógeno para formar un gas compuesto de hidrógeno y arsénico, que al depositarse en una superficie de vidrio, libera el arsénico en forma de una película gris metálica. Este método detecta cantidades pequeñísimas de este elemento. Con esto se inició la química forense, y empezó a disminuir la impunidad de los envenenadores.
El arsénico es un elemento que tiene gran afinidad con el azufre. Al penetrar en las células, se une a él en las proteínas que lo contienen. Las enzimas son proteínas indispensables para que se realicen las reacciones del metabolismo celular. Cuando el arsénico se combina con los azufres de la enzima, la inutiliza y provoca un caos bioquímico que lleva a la muerte celular. Actualmente, el antídoto empleado en el envenenamiento con arsénico es una sustancia llamada dimercaprol. Ésta contiene en su molécula átomos de azufre que tienen mayor afinidad con el arsénico que el azufre de las enzimas. De esta manera, lo atrapa, libera a la enzima y permite que ésta realice nuevamente sus funciones vitales. A pesar del halo de maldad que existe sobre este elemento, un medicamento a base de arsénico, llamado Salvarsán, fue muy empleado para curar la sífilis antes de que hubiera antibióticos.
Los alcaloides
Se llama alcaloides a sustancias naturales que se encuentran en algunas plantas y que tienen un efecto fisiológico —deseado o no— en el organismo del hombre o los animales. Su estructura molecular es muy variada y lo único que tienen en común es que todas contienen en su molécula átomos de nitrógeno que les comunica un carácter alcalino al disolverse en agua, por lo cual se les dio este nombre. Se conocen más de 3 000 diferentes alcaloides.
La función que tienen dichas sustancias en las plantas no es bien conocida. Se cree que algunos sólo son productos de desecho del metabolismo de la planta. En otros casos, se ha visto que la concentración de estas sustancias aumenta antes de que se formen las semillas y disminuye después de la maduración de éstas, lo que hace pensar que quizá tienen algún papel en esta maduración. Otros alcaloides pueden ser producto de la evolución ya que, por ser tóxicos, protegen a la planta de los depredadores.
Muerte con olor a almendras
El cianuro de sodio al contacto con el ácido clorhídrico del jugo gástrico se transforma en ácido cianhídrico, el veneno más rápido y letal, pues 0.01 g es suficiente para matar a una persona en 30 segundos. Tiene un olor igual al de las almendras. Fue por eso que cuando se planeó envenenar a Rasputín, se puso cianuro en un pastel de almendras. Rasputín fue un monje ruso que a principios del siglo XX logró ganarse el favor de los zares Nicolás II y Alejandra. El hijo de éstos, el zarevich, padecía hemofilia, un padecimiento en el cual la sangre no coagula normalmente y al haber una herida, puede desangrarse y morir. Se dice que Rasputín, por medio de hipnotismo, podía contener la hemorragia cuando el zarevich sangraba. Esto llevó a la zarina a depender emocionalmente de él, y Rasputín influía a tal grado en ella, que su voluntad llegó a afectar los asuntos de Estado. Tanto incomodó a los miembros del gobierno la intromisión del monje y la protección que los zares le ofrecían, que se conspiró para envenenarlo. No obstante ser monje, Rasputín llevaba una vida licen­ciosa; frecuentemente se le encontraba en comilonas y borracheras. Los cons­piradores lo invitaron a una cena en la que consumió varias porciones del pastel y vasos de vino que contenían cianuro como para envenenar a más de tres personas. Sin embargo, el monje no mostraba ningún síntoma de intoxicación. Fue tanta la desesperación de los conspiradores al ver su plan frustrado, que terminaron matándolo a tiros.
Es probable que Rasputín sufriera de anaclorhidria, falta de ácido en el estó­mago, y por esto el cianuro no pasaba a ácido cianhídrico. Pero en aquel tiempo se le atribuyeron al monje poderes diabólicos.
Un envenenamiento literario célebre
Entre los envenenamientos más célebres en la literatura está el de Emma Bovary en la novela del escritor francés Gustave Flaubert: Madame Bovary, publicada por primera vez en 1852. La protagonista, desesperada por todos los gastos que ha hecho en sus infidelidades, y aterrorizada de que la descubra el marido, decide envenenarse con arsénico. El autor, perteneciente a una familia de médicos describe con detalle el envenenamiento:
La despertó un sabor acre que sentía en la boca. Vislumbró a Carlos y volvió a cerrar los ojos. Se espiaba cuidadosamente para ver si sufría. Pero aún no experimentaba sufrimiento alguno. Oía el ruido del péndulo, el crepitar del fuego y la respiración de Carlos, que permanecía de pie junto a la cama. ";¡Bah, qué poca cosa es la muerte! —pensaba—. Voy a dormirme y asunto concluido."
Bebió un buche de agua y se volvió hacia la pared. El horrible sabor a tinta continuaba.
—¡Tengo sed!... ¡Mucha sed! —murmuró.
—¿Qué tienes? —dijo Bovary alargándole un vaso.
—No es nada… Abre la ventana… ¡Me ahogo!
Y unas tan súbitas ansias la acometieron, que apenas si tuvo tiempo para sacar el pañuelo oculto bajo la almohada.
—Llévatelo! ¡Tíralo! —dijo vivamente.
Carlos hizo algunas preguntas; pero ella perma­necía callada e inmóvil, por miedo a que la menor emoción la hiciese vomitar. Entretanto, un frío de muerte corría por todo su cuerpo.
[…] Emma comenzó a gemir, en un principio débilmente. Un largo estremecimiento sacudía sus hombros y se iba poniendo más lívida que las sábanas, en las que se hundían sus crispados dedos. Su pulso irregular era en aquel momento casi insensible. Algunas gotas de sudor brotaban de su azulado rostro, que parecía empaña¬do por un vaho metálico. Castañeaban sus dientes; sus desorbitados ojos miraban con vaguedad a su alrededor y a cuantas preguntas le hacía Carlos contestaba moviendo la cabeza; dos o tres veces llegó a sonreír. Sus gemidos fueron poco a poco haciéndose más intensos. Se escapó un sordo rugido de su pecho y afirmó que se sentía más aliviada y que se levantaría enseguida, exclamando a poco, presa de convulsiones: —¡Dios mío! ¡Esto es horrible! Carlos cayó de rodillas junto al lecho. —¡Habla! ¿Qué has comido? ¡Contesta en nombre del cielo! Y la miraba con infinita ternura, como jamás la habían mirado. —Pues bien; allí…, allí —dijo con desfallecida voz. Carlos se lanzó de un salto al secrétaire, rompió el sobre y leyó en voz alta: Que no se acuse a nadie… Se detuvo, se pasó la mano por los ojos y leyó de nuevo. —¿Qué es esto?... ¡Socorro! ¡A mí! Y repetía incesantemente: "¡Envenenada!" "¡Envenenada!"
Tomado de Madame Bovary, de la Colección de Nuestros Clásicos.

El ácido cianhídrico está formado por hidrógeno y el radical cianuro que contiene carbono y nitrógeno. Su toxicidad se debe a que este radical se une fuertemente a un átomo de fierro que se encuentra en la enzima respiratoria llamada citocromo oxidasa, impidiendo que el oxígeno de la respiración se una al fierro y realice la respiración celular. El antídoto para este tipo de envenenamiento, que rara vez da tiempo de aplicar, es una sustancia llamada tiosulfato de sodio. Éste contiene un átomo de azufre que tiene gran afinidad por el radical cianuro y es capaz de secuestrarlo y dejar en libertad al citocromo para que éste realice su función respiratoria. Por otra parte, el ácido cianhídrico ha tenido dos aplicaciones moralmente muy reprobables. Fue el gas empleado por los nazis para el exterminio masivo de judíos y también es el gas con el cual se ejecuta a los sentenciados a muerte en la cámara de gases en Estados Unidos.
¿Brujería o veneno?
Las muertes por envenenamiento no necesariamente son resultado de las maquinaciones de una mente asesina. En muchos casos extraños se creía que se trataba de brujerías o posesiones diabólicas. Antes de 1750 el promedio de vida era de 37 años; hoy en día es de 76. La gran mortalidad en aquella época, que era mucho mayor entre la gente pobre, se atribuía principalmente a hambrunas y enfermedades infecciosas. Sin embargo, ciertos datos señalan que en Europa, al norte de los Alpes y de los Pirineos, estuvo presente otro factor. En estos lugares la mortalidad aumentaba en la primavera y a principios del otoño, a diferencia de las enfermedades infecciosas, como la disentería y la tifoidea, que atacaban en verano, y los trastornos respiratorios, típicos del invierno. Esto condujo a buscar algún factor alimenticio como responsable de la mortalidad de primavera y otoño. En aquella época, el pan de trigo era un lujo que sólo disfrutaban los ricos. La población rural pobre sobrevivía con pan de centeno, de color café y mucho más duro. El centeno crece en latitudes donde los inviernos son húmedos y fríos y la temperatura veraniega rara vez llega a los 20°C. Si en estas condiciones climáticas el cereal no se seca perfectamente después de cosecharse y se almacena húmedo, crece en el grano un moho llamado Claviceps purpurea, conocido como cuernecillo de centeno. Éste contiene los alcaloides venenosos ergotamina, ergonovina y ácido lisérgico (LSD). La toxicidad de estas sustancias se debe a que interfieren con la acción de un neurotransmisor llamado dopamina, y esto provoca espasmos musculares, confusión y alucinaciones, además de ser abortivo. Al conjunto de síntomas se le conoce como ergotismo. Las zonas de mayor mortalidad en primavera y otoño eran las mismas en las que se consumía pan de centeno. Por otro lado, las regiones donde la muerte por ergo­tismo era muy frecuente también coincidían con poblaciones en las que había habido una intensa cacería de brujas. ¿Estaba el ergo­tismo relacionado con esto? Todo parece indicar que había una relación directa. En esos pueblos había curanderas que curaban con hierbas ciertos padecimientos como las convulsiones de la epilepsia. A estas mujeres se les atribuían poderes mágicos, pero cuando les llevaban un enfermo de ergotismo y sus remedios tradicionales fallaban, se les acusaba de haber embrujado al enfermo en vez de curarlo. Era algo semejante a las acusaciones de negligencia médica hoy en día. La coincidencia entre el pan de centeno, la mortalidad y la cacería de brujas se encontró en muchas poblaciones del norte de Europa, principalmente en Rusia, Francia e Irlanda; y también en las colonias inglesas americanas, como Nueva Inglaterra, donde nació la leyenda de las brujas de Salem.
Detección de sustancias tóxicas
La ciencia ha avanzado mucho desde la época en que perros y gatos eran usados como detec­tores de venenos. Hoy, la química analítica es capaz de identificar y cuantificar casi cualquier sustancia desconocida en el material que se investiga. La tecnología ha creado instru­mentos analíticos sofisticados capaces de detectar cantidades pequeñísimas de cual­quier veneno. Entre los más comunes están los cromatógrafos y la espectroscopía de masas o alguna combinación de ambos.
El primer paso para identificar el vene­no es separarlo de las otras sustancias. La cromatografía es uno de los procedimientos más usados. Se basa en la diferente movi­lidad de cada sustancia cuando se mueve entre dos fases, una estacionaria y una móvil. La primera, puede ser gas o líquido y la fase estacionaria puede ser sólida o líquida. La movilidad de cada sustancia depende tanto de su tamaño, como de la preferencia que tenga para asociarse con la fase móvil o la estacionaria. Por ello es posible separar los componentes de una mezcla según sus propiedades. El resultado de un estudio de cromatografía nos permite conocer el número de los componentes de una mezcla y las proporciones relativas en las que se encuentran. Ahora, es cuestión de saber qué es cada uno.
Una forma común de identificar­los es por su masa molecular. Ésta se mide en un espectrómetro de masas. La sustancia"sospechosa"; es bombardeada con una corriente eléctrica de alta energía. Así, las moléculas se convierten en iones que al viajar por un campo magné­tico se separan de acuerdo con su relación masa/carga. Actualmente existen bases de datos que contienen la información de las masas molecu­lares de todos los venenos conocidos. Comparando el resultado del estudio de masas con esta base es posible identificar a los candidatos más probables. Uno de los instrumentos más precisos es el conocido como ICP (siglas en inglés de Induction Coupled Plasma) que es muy útil para detectar cantidades pequeñísimas de metales tóxicos como arsénico, antimonio, plomo y mercurio.
Tanto la ergotamina como la ergonovina, purificadas y en cierta dosis, tienen importante acción como medicamentos. La primera, por su acción vasoconstrictora, en el tratamiento de la migraña, y la segunda, por su acción sobre la musculatura uterina, en obstetricia.
Los criminales seguirán en busca del veneno perfecto: el que no se puede detectar. Seguirán apareciendo nuevas sustancias como subproductos de procesos industriales. Algunas de éstas podrían causar envenenamientos accidentales. Pero la ciencia tiene cada día más modos de detectar los venenos y de desentrañar su mecanismo de acción, lo que permite encontrar antídotos e incluso controlar sus propiedades para usarlo como medicamento.